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miércoles, 18 de mayo de 2016

Ausencia de un otoño

El crujido de la hoja seca, ese extraordinario sonido que se forja de tu invitación al juego y nuestras pisadas. Porque aunque aquí no tengamos otoño, tú has encontrado la manera de hallar pámpanos en cadena para saltar sobre ellos y competir conmigo para mentirnos sobre quién pisa más. Esa trivialidad, esa ingenua manera de intentar detener el tiempo para estar contigo, esa tontería que le da sentido a mi título de papá.

martes, 26 de enero de 2016

Aviones

Sacamos un par de sillas al balcón y nos sentamos a verlos. Prodigiosamente, presientes el primero de la tarde y señalas al cielo. Busco entre el firmamento y veo el halcón de acero surcando nuestro encuentro que se me antoja inolvidable. Nos despedimos agitando las manos con fuerza y esperamos el próximo. Un par de gaviotas nos distraen, pero no lo suficiente como para que olvides el verdadero propósito de nuestro momento y me golpeas la mano para que no postergue mi saludo a los pasajeros de turno. «Chao, avión», digo una y otra vez mientras tú intentas imitar mi pronunciación. Pero no te sobrará saber, hijo querido, que soy yo el que daría todo por imitar tu risa cuando te despides de un pájaro gigante.

martes, 12 de agosto de 2014

Lo que no sabía de mi corazón

No sabía que se podría arrugar de semejante forma cuando una aguja te perforara con el fin de protegerte de los peligros que rondan nuestros tiempos. No sabía que era capaz de incendiarse por dentro cada vez que alguien o algo dice algo de ti que contradice las buenas intenciones. No sabía que se ensancharía producto de la emoción de reencontrarte después de horas interminables de escritura inútil, vacía, superflua. No sabía que tendría ese tamaño cuando testificara con orgullo que tu presencia me recuerda la figura de los ángeles. No sabía que se levantaría alterado en la madrugada al escuchar tus quejidos que ahora me suenan a felicidades. No sabía que latería tan fuerte cuando observara tus sonrisas tan necesarias para combatir la desesperanza. No sabía, Emmanuel querido, que aún no lo había estrenado.

lunes, 7 de abril de 2014

Deseos para un hijo

Deseo que la ternura de tu madre se transforme en polvo de estrellas y se esparza alrededor de ti. Si acaso lograras escuchar el sonido del alba, deseo que ese canto te invite al sueño para que puedas imaginar las pericias del firmamento o todo aquello que te moverá a ser un hombre libre. De repente, sentirás que no perteneces a esta habitación y querrás salir a descubrir los misterios que esconden las esferas que desconocen estas paredes. Aún así, este espacio aguardará por ti con tu nombre estampado a la entrada con tinta indeleble de amor genuino. Deseo que tu lucidez te permita verlo o sencillamente que regreses en forma de libro para que puedas enseñarme lo que el tiempo y la arrogancia me han ocultado. Deseo que arropes la nobleza, aun cuando descubras la oscuridad o el desasosiego. Deseo que encuentres el amor una, dos o mil veces y te entregues sin condición a pesar de que te encuentre el desamor en alguna de sus variables. Deseo que cobijes la bondad y que levantes con firmeza la bandera del honor. Quisiera que entregues el ciento por ciento de los dones con los que te han bendecido y que agradezcas cada segundo de privilegio con presentes de generosidad. Deseo, hijo mío, que la felicidad sea tuya. Hoy, mañana, siempre.

PD: En cualquier momento nacerá Emmanuel. Los dejaré por algunas semanas y me concentraré en él. Nos vemos pronto.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Nunca más estar triste

Alguna vez pensé que yo sería el único que podría hacer las Canciones para Emmanuel. Sin embargo, Pedro Guerra, que siempre me sorprende, me hizo saber que no sería así. En todo caso, si él no hubiera compuesto esta canción en su último disco, lo más seguro es que la habría compuesto yo para mi hijo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Divides mi vida en dos

Antes de ti nuestra raza discutía por sus diferencias y obraba como salvaje.
Las balas perforaban inocentes y se llevaban las lágrimas consigo.
El cruce del fuego dolía, pero igual valía como pan diario.
Los osos solían huir ante el acecho de los hombres.

Antes de ti los dragones solo aparecían en los cuentos de mi biblioteca.
Los vuelos estaban determinados únicamente para los pájaros.
La sabiduría estaba reservada para los poderosos.
Los dibujos eran poco más que trazos inútiles.

Antes de ti fui testigo del dolor, el desamor, el desencanto.
Presencié el terror, la infelicidad, el terrible sufrimiento.
Acaricié el desencanto, la maldad, el pánico repentino.
Fui la encarnación de la burla, la tristeza, la ingenuidad.

Antes de ti pasaron cosas que no sé si volverán a pasar.
Tal vez vuelvan la ilusión, la virtud, la esperanza.
Lo único que sé, ahora que estás cerca,
Es que dejaré de ver lo que pasaba antes,
Porque con tu llegada lo único que me interesa
Es lo que venga después.

viernes, 7 de febrero de 2014

Credo

Ahora creo en los grillos.
Creo en los gorriones ocultándose detrás de los cristales.
En las noches naranjas en las que el bambú crece a la par de la caña de azúcar.
Y en los malabares de las estrellas almidonadas de polvo que se convierten en fuego artificial.

Ahora creo en las centellas.
Creo en las fórmulas físicas que atormentaron mi niñez.
En los pastizales de fantasía que contribuyeron a la mitificación y a la duda.
Y en los ojos de tu madre que hasta ahora me habían parecido extraídos de una ficción imposible.

Ahora creo en el fuego.
Creo en las llamas extintas sobre la piel de un tigre.
En el aleph borgiano que me persiguió como una sombra sin cuartel ni piedad.
Y en este mundo loco que tiene esperanzas por la sola razón de que dejaste de ser garbanzo para convertirte en mi hijo.

martes, 28 de enero de 2014

Intentos

Ella te arrulla, te habla, te da.
Yo lo intento.
Y mientras la torpeza de mis movimientos se acoplen a la naturalidad con que tu madre se relaciona contigo, mi corazón se emociona cuanto más se acerca el día de tu bienvenida.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

No basta

No basta que arrecie una tempestad en tiempos donde la aridez y la sequía hayan forjado su imperio.
No basta que se levanten los mirlos ni que creen una sinfonía con el fin único de inquietar las virtudes del silencio.
No basta que la lluvia deje de irrumpir los tejados y mucho menos que los caracoles que adornaron mi niñez retornen en forma de epifanía.
No basta, te juro, ni siquiera la benevolencia de una memoria capaz de emular los versos que se grabaron una vez y el tiempo o su inclemencia fueron desapareciendo.

No bastan los rubíes, los cánticos, los almendros, los finales ni las cañas portadoras de esperanza.
Tampoco bastan las bengalas, los suspiros, los atardeceres ni los pliegues de página que determinan la flexibilidad de los libros.
Nada bastan, ni siquiera, las figuras que se anteponen a las fórmulas o las inquietudes que contemplan aquellos que le abren espacio a la indignación.
Es que no basta el sombrero, la sabiduría, la lentitud ni asomo alguno que fundamente las bondades que trae consigo la temida vejez.

Hijo mío, es que no basta fantasía o ansiado laurel que se compare con este amor mío que, lejos de las presentaciones de la razón, no para de crecer por ti.

martes, 17 de diciembre de 2013

Llegará el día

Llegará el día en el que las mariposas se conviertan en huracanes.
El día en el que los truenos tomen forma de luciérnaga, de lirio, de remolino.
Llegará quizá la noche en que las estrellas apaguen su brillo por un capricho infantil y la luna se duplique contraviniendo las exactitudes del universo.

Va a llegar el día en que el destino llegue empacado en cintillas de caracola definidas con el adjetivo de interminables.
La tarde en la que el halo de luz que se cuela por las ventanas de los insomnes se transforme en polvo de hada, en risa de duende, en lágrima de centauro.
Una noche a las ocho de la noche que será destrozada por un trío de manecillas formada en la academia de la rebeldía.

Quizá llegue el día en que los ladridos tomen forma de susurros y los perros olviden lo aprendido para empezar a volar.
Llegará el día inconcluso donde el sol decida no ocultarse y los ladrones abandonen las calles tan solo para oler el pan o para burlar el hambre.
Tal vez llegue ese instante en que las humedades cuenten historias de ancestros y la fragancia del pasado se presente para dejar constancia de la jerarquía del recuerdo.

Y mientras llegan esos días que ansiaría cualquier canción, yo los olvido por el único que espero. Ese que llegues tú y me abraces con la mirada para decirme lo que aún no te enseñaron las palabras.

martes, 3 de diciembre de 2013

Canciones para Emmanuel

Emmanuel, el nombre que hemos elegido para nuestro hijo mi esposa y yo, ya nos alegra la vida con sus patadas desde la barriga. A partir de ahora y quizá por un tiempo prolongado, este blog solo estará dedicado a él. A continuación, comparto la primera canción que he decidido componerle.

Yo, el hombre que pensaba solo podía amar mujeres. 
Aquí estoy, hablándote a través de la barriga de tu madre. 
 Esperándote con las ansias de una final de fútbol. 
 Aguardando el momento que me permitas escuchar tu llanto. 
 Aquí estoy, amándote a ti, el hombre de mi vida.