
Primero que todo, debo decir perdón por el retraso de la entrada. Pero bueno, aquí está.
La microliteratura es una expresión a la que cada vez le encuentro más encanto. Su auge ha trascendido de muchas maneras los lugares que imaginé cuando inicié su recorrido hace poco más de un año. En todo caso, debo decir que ha sido un viaje fascinante.
Particularmente hoy me siento muy satisfecho, porque la Segunda Convocatoria de Microcuentos 'El Dinosaurio' ha finalizado con éxito. Tal como el año anterior, fue una experiencia inolvidable. Definitivamente, hay muchas historias. Sólo falta contarlas. A continuación, publico los primeros puestos de esta versión (aplausos para ellos) y aprovecho para agradecer a todos los participantes que se atrevieron a enviar sus relatos. Siempre y cuando vengan cuentitos a hablarme, el próximo año revivirán de nuevo los dinosaurios.
¡Felicitaciones a los ganadores!
Primer Puesto
Costumbres raras, Daniel Frini
— ¡Ahí viene otra vez!¡escóndanse! — dijo el sapo más viejo
— ¡Te llena la jeta de saliva! — acotó un sapito
— ¡Repugnante! — sentenció el sapo educado
La princesa, etérea y radiante, iniciaba su ronda habitual de besos.
Segundo Puesto
Inocencia perdida, Nacho Viñuela
Con el tiempo, acabó por descubrir que sus padres eran no sólo los reyes Magos y el ratoncito Pérez, sino sobre todo el monstruo debajo de la cama.
Tercer puesto
Ch’in Er Shi, Daniel Frini
Er Shi Huang Di, el segundo emperador de China, buscó la isla de Zhifu interesado en la inmortalidad; tal como lo hiciera su padre, el legendario Ch’in Shi Huang Di. Demostrando una vez más, que al destino lo hace la suerte; a pesar de ser notablemente menos capaz que Ch’in, Er sí encontró la vida eterna. Pero no supo qué hacer con ella. Hoy atiende un puesto de comida china en Retiro. Los parroquianos se sonríen y le palmean condescendientemente la espalda cuando cuenta cómo escapó de la rebelión de Liu Bang, en el doscientos siete antes de Cristo.
Cuarto Puesto
Cosas de niños, Marta Abelló
Cerró los ojos. Las puertas del armario, entreabiertas, dejaban paso a la temible oscuridad de su interior. Cosas de niños, pensaba, así que abrió los ojos de nuevo y decidió levantarse de la cama. Sus pies descalzos le enviaron la primera señal de peligro: la segunda fue su corazón tembloroso. La tercera señal la dio su boca, que se abrió en forma de grito. Alguien, bajo la cama, asía sus tobillos y, aterrorizado, miró de nuevo hacia las puertas del armario, entreabiertas. Cosas de niños, pensaba, pero los dedos extraños en sus pies no estaban de acuerdo.
Quinto Puesto
Tensa incertidumbre, Mercedes Pajarón
Sentado dentro del camión, apretujado entre sus compañeros, enfundado en su uniforme de trabajo y sudoroso por el calor -o quién sabe si por algo más-, piensa en los platos de comida abandonados a toda prisa en el cuartel, y se pregunta qué le espera más allá de la columna de humo que se levanta, densa, virulenta, imponente, poderosa y amenazadora, en un barrio de la gran ciudad.
