lunes 9 de noviembre de 2009
De otro mundo
En esta casa, definitivamente, pasan cosas extrañas. El miedo ya no me deja dormir y, desde que escucho esos sonidos, perdí la paz por completo. Durante el día no hay mayor actividad. Pero en las noches, ¡Dios bendito! Todo el tiempo escucho pasos en los pasillos, golpeteos en las ventanas, gritos de niños en las habitaciones y, lo que más me aterra, gemidos en el cuarto principal. En todo caso, me niego a irme de aquí. A la larga, los intrusos son ellos y soy yo, el fantasma, el dueño de este lugar.
jueves 5 de noviembre de 2009
Mito
—¡Cuántas veces tengo que decirle que los castillos en el aire no existen, niño! ¡Que son un invento barato de los fantasiosos!
—¡Pero, papá! —replicó el pequeño unicornio—. ¡Juraría que acabo de ver uno!
—¡Pero, papá! —replicó el pequeño unicornio—. ¡Juraría que acabo de ver uno!
domingo 1 de noviembre de 2009
Ocupado
“Discúlpeme, me muero de vergüenza con usted, pero en este momento me queda imposible atenderlo. Justo ahora estoy lleno de trabajo y no sé a qué hora me desocupe. Yo lo estoy llamando a ver en qué momento podemos cuadrar una cita, ¿le parece?”. Entonces, triste y cabizbajo, el amor dio vuelta y se fue.
miércoles 28 de octubre de 2009
Empezar de nuevo
Queridos amigos, el dolor de cuento ha pasado. Me retracto de lo que dije en la entrada anterior y, pasada la pena, empiezo de nuevo. Lo primero que tengo por decirles a todos es gracias por la solidaridad que me expresaron. Lo siguiente es contarles que ya tengo equipo nuevo y que he podido recuperar algunas cosas. Otras aún me faltan, pero espero encontrarlas pronto. Un saludo para todos y que vengan los cuentitos.
lunes 26 de octubre de 2009
Captura
Cuando Teresa Maltus compró su cámara, nunca imaginó las consecuencias que producirían sus fotografías. Cada vez que obturaba, la persona, el lugar o la cosa que cubría el campo de imagen desaparecía instantáneamente, como si, por un efecto mágico, quedara archivado en el aparato. La primera vez que le sucedió pensó que tan sólo era una ilusión óptica. Pero al ver el monumento nacional sin el busto del prócer, y al niño caminando sin torso, y al firmamento con un cuadrado transparente en el medio, se dio cuenta de que no era un mero espejismo. Entonces, desesperada por el caos provocado, obturó a diestra y siniestra haciendo desaparecer todo lo que la rodeaba. Y allí quedó, con su cámara llena de unos recuerdos que no se atrevía a contemplar, llorando en medio de un infinito desierto traslúcido.
jueves 22 de octubre de 2009
Cuentacuentos
Un mal cuento inspiró otro cuento. El otro cuento, a su vez, inspiró un buen cuento. El buen cuento gustó mucho y por eso alguien escribió un cuento maravilloso inspirado en él. Pero el cuento maravilloso era tan sorprendente que alguien lo tomó de referencia y escribió un cuento extraordinario. Fue así que un escritor leyó el cuento extraordinario y se basó en él para escribir un cuento increíble: un clásico. Así fue que el cuento clásico inspiró uno extraordinario, y el extraordinario, uno maravilloso, y el maravilloso, un buen cuento, y el buen cuento, otro cuento, y el otro cuento inspiró un mal cuento, y así los cuentos se devoraron entre sí haciendo que las historias se acabaran para siempre.
lunes 19 de octubre de 2009
Génesis apocalíptico
En el año mil novecientos cuarenta y ocho, en el mes cuarto, a los nueve días del mes, cayó la desgracia sobre la antigua Bacatá.
Y en ese mismo día lloró Socorro, y Angustias, y Dolores lloró también, y lloraron como ellas todas las madres.
Así fue que sus lágrimas se volvieron lluvia y su llanto cubrió toda la región.
Es así que desde ese día cae un diluvio sobre los suelos de Colombia todos los días y todas las noches.
Y en ese mismo día lloró Socorro, y Angustias, y Dolores lloró también, y lloraron como ellas todas las madres.
Así fue que sus lágrimas se volvieron lluvia y su llanto cubrió toda la región.
Es así que desde ese día cae un diluvio sobre los suelos de Colombia todos los días y todas las noches.
jueves 15 de octubre de 2009
Sol
Como el astro,
brillante y luminoso,
hasta un hombre llegaron tus versos.
Tomó en sus manos el poema,
devoró tus palabras y,
sin razón,
empezaron a arder como bengalas.
Igual que el astro,
el texto quemaba y,
rápidamente,
consumió al hombre, que,
retorciéndose en llamas,
antes de ser ceniza,
desplegó un monosílabo mortal,
Sol, dijo: Sol.
brillante y luminoso,
hasta un hombre llegaron tus versos.
Tomó en sus manos el poema,
devoró tus palabras y,
sin razón,
empezaron a arder como bengalas.
Igual que el astro,
el texto quemaba y,
rápidamente,
consumió al hombre, que,
retorciéndose en llamas,
antes de ser ceniza,
desplegó un monosílabo mortal,
Sol, dijo: Sol.
lunes 12 de octubre de 2009
Misterio de carreteras
—¡Discúlpeme, señor! —grita una mujer asomándose por la ventana de su carro mientras lo va orillando—. Estoy buscando el pueblito ese donde la gente no tiene nombre…
—Claro, mi doña —replica un viejo acercándose para escucharla—. ¿Qué quiere saber?
—Todo… —sentencia ansiosa la mujer.
—Pues todo, todo, no lo sé —interrumpe el viejo—. Pero le puedo decir lo que he oído.
—Por favor…
—Imagínese que allá la gente se llama por lo que hace. El alcalde actual, por ejemplo, es ‘el alcalde que es hijo del senador’ para diferenciarlo del anterior. El mejor panadero es ‘el de la panadería de la tercera calle a la izquierda desde la plaza’, diferente al de la competencia, que es ‘el señor de la panadería barata’. ¿Me entiende?
—¿Y todos se llaman así? —pregunta incrédula.
—Claro, mi doña —interrumpe el viejo—. No es tan difícil como parece…
—Eso tengo que verlo —dice sonriendo la mujer—. ¿Cómo llego?
—¿Como que cómo llega?
—Sí, señor —dice ofuscada—. ¿Cómo llego hasta allá?
—Usted es igual que el resto —replica molesto el viejo—. ¿Cómo quiere llegar a un pueblo si ni siquiera sabe cómo se llama?
—¿Y cómo se llama?
—¿Qué cosa, mi doña?
—El pueblo ese…
—Ese tampoco tiene nombre.
—Claro, mi doña —replica un viejo acercándose para escucharla—. ¿Qué quiere saber?
—Todo… —sentencia ansiosa la mujer.
—Pues todo, todo, no lo sé —interrumpe el viejo—. Pero le puedo decir lo que he oído.
—Por favor…
—Imagínese que allá la gente se llama por lo que hace. El alcalde actual, por ejemplo, es ‘el alcalde que es hijo del senador’ para diferenciarlo del anterior. El mejor panadero es ‘el de la panadería de la tercera calle a la izquierda desde la plaza’, diferente al de la competencia, que es ‘el señor de la panadería barata’. ¿Me entiende?
—¿Y todos se llaman así? —pregunta incrédula.
—Claro, mi doña —interrumpe el viejo—. No es tan difícil como parece…
—Eso tengo que verlo —dice sonriendo la mujer—. ¿Cómo llego?
—¿Como que cómo llega?
—Sí, señor —dice ofuscada—. ¿Cómo llego hasta allá?
—Usted es igual que el resto —replica molesto el viejo—. ¿Cómo quiere llegar a un pueblo si ni siquiera sabe cómo se llama?
—¿Y cómo se llama?
—¿Qué cosa, mi doña?
—El pueblo ese…
—Ese tampoco tiene nombre.
jueves 8 de octubre de 2009
Palabra de Ángela
Aunque cueste creerlo, en medio de las figuras celestiales hay un ángel que vela porque el significado de las palabras se respete. Su trabajo es arduo y basta conocer sus labores para determinar por qué: no sólo debe cuidar que la palabra empleada diga lo que indica su acepción, sino que el valor moral del vocablo se respete como debe ser. Cada vez que alguien viola alguna de estas normas, sea cual sea su situación, el ángel quita un trozo de una nube, lo aparta en un rincón para indicar el ‘pecado’ del mortal y así poder establecer el estado futuro de su alma. Si alguien le echara un vistazo a los trozos, fácilmente se daría cuenta de que los periodistas están condenados al Limbo y los políticos, definitivamente, al Infierno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
