lunes 13 de julio de 2009
Negación
Mi mujer ya no me mira, ya no me habla. He decidido llamar a sus padres a ver si ellos saben qué le sucede, pero no fue capaz ni de verlos a los ojos. Llamé a sus hermanos, a su mejor amiga, a su jefe, a sus compañeros del colegio, ¡a sus ex novios!, a los vecinos, a todo el que he podido, pero no. No le dice nada a nadie y todos parecen tan extrañados como yo. Hoy, incluso, llamé al cura que ella tanto admira a ver si le saca algo. Pero aún con todas las bendiciones que le dio y todos los aceites que le puso, tampoco pronunció palabra.
jueves 9 de julio de 2009
Diario
Su cuento era tan corto que le cabía en la palma de la mano. Alejandro Ramírez lo cuidaba como su mayor tesoro y tan sólo con cerrar su puño lo protegía de los peligros mundanos. Pero era tan pequeño que por más cuidados que se tuvieron con él, fue inevitable que un día cayera y se perdiera. Su dueño lo buscó entre sur y norte, por cielo y tierra, día y noche sin descanso; pero nada sirvió. Compungido por la pérdida, se ha dado a la tarea diaria, con una disciplina extraordinaria, de escribir otro cuento capaz de reemplazar el que perdió en aquella ocasión.
lunes 6 de julio de 2009
Real
Enfurecido, el oso arremetió contra la muchacha tirándola de la cama y haciéndola caer contra el suelo. Abrió su boca con un terrible bramido que retumbó por la habitación y le mostró sus dientes con odio visceral. Con rapidez se acercó a la muchacha y con su garra la empujó ferozmente contra la pared. Llena de pánico, por fin lo comprendió. Ricitos no estaba en un cuento.
jueves 2 de julio de 2009
martes 30 de junio de 2009
Réplica
Cada vez que Irina Vasky llega a un lugar se encuentra a sí misma. En varias ocasiones se ha visto a su edad, idéntica y vestida tal cual está; pero también se ha encontrado de niña, con atuendos de tul y distintas muñecas en las manos. En una ocasión, incluso, se vio un tanto más vieja, arrugada y con un pequeño niño que parecía ser su nieto cogiéndola del brazo. Sus réplicas, en todo caso, se han manifestado de maneras aún más extrañas: así como se ha visto fundida en porcelanas también se ha encontrado retratada en pinturas o fotografías, contraviniendo cualquier explicación lógica. Al borde de la locura, Irina no soporta verse a sí misma de nuevo. Desesperada, agarra una navaja y arremete con furia sobre la primera Irina nueva que encuentra. Justo cuando le clava el puñal en el centro del pecho, la réplica deja de ser una y se convierte en dos.
jueves 25 de junio de 2009
Capítulo 19
...Sergio Gaut vel Hartman entra a su inmensa biblioteca y agarra una de sus tantas compilaciones. Se sienta en su sillón, abre su libro y empieza a leer. Sin embargo, antes de llegar a la página cien, queda petrificado. A pesar de que quiere seguir leyendo, sus ojos se detienen y su cuerpo queda completamente inerte. Así permanecerá hasta que el escritor que narra su historia se decida a seguir escribiéndola. Porque aunque no lo sabe, él es un cuento, un producto de la ficción que un autor retoma cada tarde de cuando en cuando. Y aunque desee seguir con su vida, no podrá moverse hasta que el escritor se decida a empezar con el capítulo veinte...
martes 23 de junio de 2009
Resultados 'El dinosaurio'

Primero que todo, debo decir perdón por el retraso de la entrada. Pero bueno, aquí está.
La microliteratura es una expresión a la que cada vez le encuentro más encanto. Su auge ha trascendido de muchas maneras los lugares que imaginé cuando inicié su recorrido hace poco más de un año. En todo caso, debo decir que ha sido un viaje fascinante.
Particularmente hoy me siento muy satisfecho, porque la Segunda Convocatoria de Microcuentos 'El Dinosaurio' ha finalizado con éxito. Tal como el año anterior, fue una experiencia inolvidable. Definitivamente, hay muchas historias. Sólo falta contarlas. A continuación, publico los primeros puestos de esta versión (aplausos para ellos) y aprovecho para agradecer a todos los participantes que se atrevieron a enviar sus relatos. Siempre y cuando vengan cuentitos a hablarme, el próximo año revivirán de nuevo los dinosaurios.
¡Felicitaciones a los ganadores!
Primer Puesto
Costumbres raras, Daniel Frini
— ¡Ahí viene otra vez!¡escóndanse! — dijo el sapo más viejo
— ¡Te llena la jeta de saliva! — acotó un sapito
— ¡Repugnante! — sentenció el sapo educado
La princesa, etérea y radiante, iniciaba su ronda habitual de besos.
Segundo Puesto
Inocencia perdida, Nacho Viñuela
Con el tiempo, acabó por descubrir que sus padres eran no sólo los reyes Magos y el ratoncito Pérez, sino sobre todo el monstruo debajo de la cama.
Tercer puesto
Ch’in Er Shi, Daniel Frini
Er Shi Huang Di, el segundo emperador de China, buscó la isla de Zhifu interesado en la inmortalidad; tal como lo hiciera su padre, el legendario Ch’in Shi Huang Di. Demostrando una vez más, que al destino lo hace la suerte; a pesar de ser notablemente menos capaz que Ch’in, Er sí encontró la vida eterna. Pero no supo qué hacer con ella. Hoy atiende un puesto de comida china en Retiro. Los parroquianos se sonríen y le palmean condescendientemente la espalda cuando cuenta cómo escapó de la rebelión de Liu Bang, en el doscientos siete antes de Cristo.
Cuarto Puesto
Cosas de niños, Marta Abelló
Cerró los ojos. Las puertas del armario, entreabiertas, dejaban paso a la temible oscuridad de su interior. Cosas de niños, pensaba, así que abrió los ojos de nuevo y decidió levantarse de la cama. Sus pies descalzos le enviaron la primera señal de peligro: la segunda fue su corazón tembloroso. La tercera señal la dio su boca, que se abrió en forma de grito. Alguien, bajo la cama, asía sus tobillos y, aterrorizado, miró de nuevo hacia las puertas del armario, entreabiertas. Cosas de niños, pensaba, pero los dedos extraños en sus pies no estaban de acuerdo.
Quinto Puesto
Tensa incertidumbre, Mercedes Pajarón
Sentado dentro del camión, apretujado entre sus compañeros, enfundado en su uniforme de trabajo y sudoroso por el calor -o quién sabe si por algo más-, piensa en los platos de comida abandonados a toda prisa en el cuartel, y se pregunta qué le espera más allá de la columna de humo que se levanta, densa, virulenta, imponente, poderosa y amenazadora, en un barrio de la gran ciudad.
jueves 18 de junio de 2009
Amor oceánico
El Océano Atlántico se había enamorado. Cada atardecer esperaba ansioso a que una jovencita con la que se había obsesionado sacara su cámara y empezara a tomarle fotografías. El Atlántico posaba para ella bajando el oleaje y enfrentando la brisa con ahínco. Con timidez llegaba a la orilla donde ella se sentaba y se sentía vivo cuando tocaba sus pies descalzos. Un día, sin embargo, su musa apareció con un atractivo cartagenero a sus orillas y, muerto de celos, arreció contra ambos hasta arrastrarlos mar adentro. Nadie volvió a ver al joven, pero algunos aseguran que, al atardecer, muy cerca de la playa, suele aparecer una hermosa sirena.
lunes 15 de junio de 2009
El hábito
Aquí estuvo el dueño de este abdomen, escribía Karim Rotz sobre el cuerpo de su novia. Por esta piel se derritió mi saliva y mi lengua encontró destino sobre estas curvas. Mis dientes fueron testigos presenciales de los deseos de estas cumbres y sobre estos pezones rojos y tiesos mis labios resucitaron durante once noches seguidas. Alrededor de este ombligo caí hipnotizado, y aquí, justo aquí al lado de esta coma, Odín se apoderó de esta cueva que le cumplió más de tres, más de cuatro, más de quince caprichos. Estas caderas están selladas con mi rabia, esta espalda con mis yemas, este cuello con mi fuego. “No lo hagas más difícil, por favor”, le dijo ella. “Ya casi termino, Lucía”, replicó Karim con la voz quebrada sin soltar el marcador. “Si me dejas para entregarte a Dios, de algún modo debo asegurarme que conozca tu pasado”.
jueves 11 de junio de 2009
Desenlace
Bele se sentó frente a su ordenador y empezó el nuevo capítulo de su novela. Su pasión estaba desbordada y se sumergió de tal modo en su escrito que, de repente, se vio atrapada en él. Miró a su alrededor y se percató de que caminaba por entre sus capítulos, escarbando entre sus letras como si fuesen un bosque y tratando de buscar una salida. Temerosa, se abría paso entre las aes, las eles y las emes que le impedían encontrar una desembocadura. Sin embargo, hasta que no recorriera los caminos que ella misma había escrito, sería imposible llegar al final.
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