miércoles, 19 de enero de 2011

Poder

Desde hace unas semanas, un hombre viene imaginando una ciudad de ensueño. Sobre sus suelos se ciñen copos dorados de algodón y sobre los portones de las casas se levantan banderas brillantes con efigies de la realeza. Trigales esplendorosos se extienden por varios kilómetros y extensas llanuras gatopardo ocupan las principales vías de la ciudad. Gozando de una arquitectura perfecta, en todo el centro de la urbe, cuatro torres de ladrillo albo apuntan hacia cada uno de los puntos cardinales y, como el eje de una brújula, la estatua de un imponente ángel toca una lira que deleita a los habitantes con una melodía celestial. Sin embargo, la verdadera maravilla sucede cuando el hombre descubre que a medida que piensa en cada nuevo detalle, la metrópoli se va formando de manera real y exacta a como él la imagina. Y así, poco a poco, va figurando puertos, plazas, campos, cercas, parques y habitantes a su antojo. Sintiéndose libre, concibe una isla de arena cristalina y a la orilla de ella, erige un precioso cementerio lleno de rosas inmarcesibles y tapias de mármol con inscripciones de pino. Cegado por el poder, improvisa un majestuoso mausoleo y, sobre él, una finísima placa con un epitafio bordado en oro que dice: “Aquí yace el creador de esta maravilla”.

11 comentarios:

Elisa dijo...

Genial remate. El texto me recordó por momentos a Las ciudades invisibles.

Anita Dinamita dijo...

El poder siempre ciega. Me ha recordado al Alcalde de Madrid... qué curioso, no? hay quien le llama el faraón
Abrazos

Claudia Sánchez dijo...

Muy bueno Esteban! En un momento temí que enterrara al narrador.
Besos,

German Andrés Sarmiento dijo...

Un final con mucho "poder". Me pregunto que sucedera cuando recuerde todos los valores que nos hacen humanos, el odio, la envidia etc.
Atrapante.
Saludos

Pablo Gonz dijo...

Un estupendo relato, Esteban. Precisamente estoy leyendo "Las ciudades invisibles" de Italo Calvino, y coincido con la apreciación de Elisa.
Un fuerte abrazo,
PABLO GONZ

Deigar dijo...

Bastante bueno. Cada término usado al estilo.

Saludos.

Esteban Dublín dijo...

Elisa, te agradezco. Tiene mucho de las ciudades de Calvino, es una referencia a la que recurro con frecuencia.

Anita, me interesa saber más acerca de eso...

Clau, ¡menos mal!

Esteban Dublín dijo...

Germán, yo también me lo pregunto...

Pablo, es cierto. Calvino y sus ciudades me enamoraron de principio a fin. En mi libro, incluso, hay un capítulo referido exclusivamente a lugares mágicos o extraordinarios, tal como en Las ciudades invisibles.

Gracias, Deigar. Bueno volver a verte. Un saludo.

Anita Dinamita dijo...

Bueno, como Madrid siempre está en obras, y con la llegada de Ruíz Gallardón a la Comunidad de Madrid y después a la Alcaldía, hubo obras por el metro, por tapar la M-30 y por cienes de cosas más, durante una temporada desvió el curso del Manzanares... y hubo quien le puso el mote de El Faraón, porque estaba construyendo su catacumba o su pirámide... obras públicas, ya sabes...

Esteban Dublín dijo...

Gracias por la explicación, Anita. Un saludo afectuoso.

Patricia Nasello dijo...

Sí, las Ciudades Invisibles, quizá el libro que amo más. Este micro forma parte de él, sin duda. Enhorabuena por este pieza extraordinaria, Esteban