miércoles, 25 de abril de 2012

Tradición

Esta dieta me va a matar. A pesar de los descomunales esfuerzos que he hecho con tal de reducir mi habitual porción de proteína, de alejar en definitiva los placeres que me produce el dulce o de limitar mis bebidas a la devastadora simpleza del agua y el jugo natural, esta pesa de mierda se niega a demostrarme mis avances, como rebatiendo mi empeño para ser un hombre —como advierte mi nutricionista en cada control— más lozano. Incluso, he alterado a consciencia mis hábitos deportivos, levantándome cual monje, antes del primer albor, para ejercitarme durante una hora en la bicicleta estática. Los denuedos, sin embargo, parecen en vano. Luego de meses en esta rutina, mato por un trozo de chocolate o por quince minutos más de sueño, pero la costumbre adquirida hace años me condena. Maldita disciplina de Seminario.

8 comentarios:

Verónica C. dijo...

Qué horror de vida.
Es ponerse en penitencia.
Se puede llevar una vida sana si necesidad de castigo.

Besos

Sergio Cossa dijo...

Creo que el mayor problema que tienen es que el resto del día no hacen absolutamente nada. Y podríamos agregar la ausencia total de preocupaciones.

Un saludo, Esteban.

Angela María dijo...

El titulo deberia ser " Tortura" ¿por qué siempre buscan eliminar esos pequeños, grandes placeres de la vida!?

Un giro interesante al final del micro.

Un beso.

Mei Morán dijo...

La iglesia y sus estragos...

Mar Horno dijo...

Pues yo creo que en lo pequeños placeres está la felicidad, y en los sacrificios, lo peor de nosotros. Un abrazo.

El Eskimal dijo...

Se dice a veces que lo que uno quiere se sufre, quizá quienes están entregados a Dios de una manera radical, son las personas que inventaron esta frase. Es difícil ese ritmo de vida, pero ya has dicho en el título, se ha convertido en una tradición. Saludos Esteban.

Esteban Dublín dijo...

Verónica, eso no lo sabes tú. No imaginas las consecuencias de las disciplinas.

Sergio, tampoco lo sabemos. La disciplina exacerbada tiene límites que aún desconozco.

Angelita, si fuera tortura, quizá sería un poco más obvio. Con respecto a los placeres, todos tenemos diferentes, así que es difícil catalogarlos en una sola casilla.

Esteban Dublín dijo...

Mei, los estragos de la iglesia...

Mar, pertinente comentario ya que son los sacrificios que hacemos los que permiten llevarnos a nuevos descubrimientos acerca de nosotros mismos. Un beso. Gracias por pasar.

Eskimal, he tenido la posibilidad de ver cómo la disciplina eclesiástica determina carácter. Así no estemos de acuerdo, se forma una manera de pensar, de razonar, una posición ante la vida.