martes, 29 de julio de 2014

Bala perdida

Roza a una pareja discutiendo en el parque de diversiones, pasa cerca de un niño al que su padre acaba de regalarle un copo de azúcar, mira de reojo al infiel que ya tiene preparada la excusa de esa noche, acaricia a la adolescente que planeó su fuga para dentro de dos semanas con el amor secreto que conoció por internet, atraviesa una lata de sardinas que explota en ochocientos cuarenta y nueve pedazos y perfora el centro del pecho del autor para terminar su recorrido en medio de su columna vertebral, no sin antes ejecutar un último balanceo.

3 comentarios:

El Eskimal dijo...

Esteban lo de mirar de reojo es anunciar su próxima víctima. Ese detalle está genial.
Abrazos.

Angela María Sarmiento dijo...

¡Que alegría, volviste!

Esteban Dublín dijo...

Gracias, Eskimal. Siempre pendiente, a pesar de mi ausencia.

Tú sabes que nunca me voy, Angelita, aunque me vaya.