jueves, 30 de abril de 2009

Las maravillas en el país de Alicia

Un conejo blanco descansaba en su madriguera cuando vio a lo lejos a Alicia corriendo. La curiosidad lo asaltó y la siguió hasta su casa. Maravillado, empezó a ver cosas que ni siquiera concebía en su imaginación: líquidos en botellas que al tomarse no agrandaban a la gente, un palo de cróquet que no tenía forma de flamenco, una baraja de cartas inmóvil sobre una mesa, una oruga diminuta que no fumaba y humanos vestidos con ropa tradicional. Aún sorprendido, vio que Alicia se acercaba a él y que lo agarraba de las orejas. Asustado, el conejo despertó respirando aliviado al comprender que sólo se trataba de una pesadilla.

20 comentarios:

Nancy dijo...

¡Bravo! magnífico, el otro lado del espejo. Esteban, este cuento es una maravilla.

Mauricio Duque Arrubla dijo...

Mis respetos :)

La Falsa Alicia dijo...

Gracias!!!! Mirá que bonito es empezar un día gris y lluvioso así con un conejo blanco siguiéndome y contandome una historia maravillosa!!

Campanula dijo...

Genial, que bueno es ver las cosas desde otra perspectiva

Martín dijo...

El reino del revés, como diría María Elena. Muy bueno Esteban! Saludos

Anastacia dijo...

Simplemente maravilloso, cada cuento tuyo, y me permito tutearte, me sorprende por sobremanera y este en particular me lleva a recordar mi infancia, fue hermoso!! gracias!!
Idolo!

Pupila dijo...

Me gustó la vuelta canela que le diste. ¿El conejo no se llamaba Esteban Dublín?, mi siempre amada Alicia, la que me da esperanzas de que algún día despertaré. Te recomiendo El hombre del antifaz azul de la Pizarnik. Es una genial versión de Alicia en el país de la maravillas.

Hiperbreves S.A. dijo...

Muy bueno, Esteban. Lo imaginario y lo real, todo dado la vuelta.

Alejandro Kreiner dijo...

En los sueños se suele fusionar lo saludos real con lo imaginario.

Saludos

*Sol* dijo...

Simplemente buenísimo!

Martín Franco dijo...

Bacanísimo, Esteban. Qué gran cuentito.

Esteban Dublín dijo...

Nancy, muy bien dicho, ¿acaso un mundo como el nuestro no es como uno imaginario para quienes viven a diario de la imaginación?

Mauricio, como siempre, halagadísimo con tus comentarios.

Alicia, gracias a ti, por confiarme tu nombre y por inspirar esta historia.

Campanula, ese es el objetivo diario. Gracias.

Martín, el reino o el mundo, diría yo, que como en el cuento, termina siendo una pesadilla.

Anastacia, tutéame cuanto quieras, es un halago muy grande para mí y obviamente para el cuentito. Lo de Ídolo me emociona, pero es un tanto exagerado. Gracias.

Pupila, es una idea genial la que me acabas de dar. Me encantaría ser el conejo. Voy a buscar el cuento que me dices de Alejandra Pizarnik. Gracias. Un beso.

Raúl, lo real a veces es muy sonso, por eso es divertido viajar por un momento por la imaginación. Aunque debo decir que Carroll con esa novela estaba absolutamente loco. Es un genio el hijueputa.

Alejandro, bienvenido a escuchar los cuentitos y gracias por tus comentarios.

Sol, gracias. Siempre bienvenida por aquí. Veo que solicitaste tu cuentito, así que estaré encantado.

Martín, qué bueno que te haya gustado hombre. Como siempre, es una alegría tenerte de vuelta.

female dijo...

Se parece a lo que pienso cuando me levanto

Esteban Dublín dijo...

Female, ¿qué piensas cuando te levantas?

female dijo...

"quiero que lo normal deje de ser raro para mí..."

un beso, sr. Dublín... lo quiero

Esteban Dublín dijo...

Ah, bueno, yo tengo una teoría: la normalidad es una de esas cosas en las que creemos vivir, pero en realidad nadie puede decir que sea así.

¿Quién puede definir qué es normal? Yo creo que lo que es normal para mí tal vez es extraordinario para otra persona. Y tal vez lo que es normal para ti sea extraordinario para mí.

Un beso para ti también. Yo también te quiero.

maggie mae dijo...

eavemaría, qué buen cuentini!!!

Esteban Dublín dijo...

Avemaría, Maggie, no sabes cómo me alegra eso.

CarolinaVK dijo...

Acabo de llegar por acá y me enamoré de este cuento. Muy bueno.

Esteban Dublín dijo...

Muchísimas gracias, Carolina. Siempre bienvenida.