miércoles, 6 de marzo de 2013

Mudanza

Todas las cosas estaban empacadas. Me acerqué al cuarto de huéspedes y, con el fin de descartar que hubiera olvidado algo, abrí el estante donde encontré la cajilla prohibida. Desparramadas en su interior, una serie de cartas y algunas fotografías me recordaban ese amor que me dejó moribundo, al borde de la locura. En lugar de prenderles fuego, empecé a releerlas. Repasé cada fecha, recordé cada lugar, rememoré los detalles de cada detalle. Al reverso de cada fotografía, también hallé nuevos recuerdos que me llenaron de nostalgia y una melancolía casi insoportable. Horas después de dolorosa lectura, cerré la caja y la dispuse con las otras, mezclada al azar con el resto de la mudanza.

2 comentarios:

PONFIEL PONFIEL dijo...

Es bueno conservarlas aunque nos provoquen dolor, también tienen encerradas satisfacciones.

Un abrazo

Esteban Dublín dijo...

Bienvenido a Los cuentitos, Ponfiel. Vuelve cuando quieras.