lunes, 8 de agosto de 2011

Círculos

Cuando abre la puerta, entra a la misma habitación de la que está saliendo. Y así sucesivamente.

18 comentarios:

No Comments dijo...

Y yo terminaría de otra manera. En vez de "Y así sucesivamente"... "Y así concéntricamente..."

Un saludo indio

Víctor dijo...

Guau. Me gusta. Infinitamente.

Abrazos internacionales.

Ananda Nilayán dijo...

Círculos??? también un bucle en el tiempo o una continua entrada y salida de un mundo paralelo fijado.
Sea como sea, está bueno.

Abrazos

JOAQUIN DOLDAN dijo...

menos es más...sin duda

JOAQUIN DOLDAN dijo...

aunque...es un círculo o un espiral? ..no se vuelve nunca igual!

Elysa dijo...

Menuda imagen, para darle vueltas y vueltas infinitamente.

Besitos

yacasinosoynadie dijo...

Me recordó un cuento de Bioy Casares que aparece en Una Magia Modesta, libro de relatos cortos que sobra recomendarte.

Al final del cuento pasa exactamente lo mismo. Va un abrazo.

manuespada dijo...

Me gusta. Gusta me. Me gusta.

Gotzon dijo...

A mi me ha recordado a las perspectivas infinitas de Escher.

César Socorro dijo...

Y a mi a "Los cuartos infinitos" de García Márquez. Infinitos saludos.

Esteban Dublín dijo...

Lectores juciosos podrán darse cuenta mi frecuente afición por microrrelatos relacionados con el infinito y la muerte. Hoy, casualmente, he encontrado en el blog de Jesús Esnaola un fragmento de Cien años de soledad de mi admirado García Márquez en donde el recurso de la habitación infinita se repite. No pretendo en lo más mínimo compararme con el Nobel de Literatura, pero me parece afortunada la coincidencia independientemente de que el fragmento de él tiene ese componente de sencillez y magia que lo hace tan único.

Esteban Dublín dijo...

David, yo terminaría como está. Pero agradezco la sugerencia. Un abrazo.

Víctor. Infinitas gracias.

Ananda, ¿no te pasa que entras a un lugar que es exactamente el mismo del que sales? De ahí nació este micro.

Joaquín, ante la locura que provee el infinito, dudo que las cosas no sean iguales. Muchas gracias por pasar por este espacio. Vuelve cuando quieras.

Esteban Dublín dijo...

Elysa, yo las sigo dando, pero después de leer lo que Edmundo Valadés bautizó como "Los cuartos infinitos" y que cito en el blog de Jesús Esnaola, lo que no puedo dejar de leer es su micro y, claro, preguntarme una y otra vez: "Por qué no lo escribí yo?".

Querido Jorge: no sabes la alegría que me da verte por este espacio después de tanto tiempo. Gracias por tu recomendación. La tendré en cuenta.

Manu: Gracias. Gracias. Gracias.

Gotzon, buscaré el cuadro. Aunque sí, tiene esa intención.

César: después de leerlo, como dije en el primer comentario, siento que una idea rodó por el aire y yo la agarré. Aunque la esencia y la literatura se quedaron en la idea de García Márquez. Qué fragmento maravilloso y qué cuidadoso fue Edmundo Valadés al descubrirlo en medio de tantos personajes, todos llenos de un misterio literario que sigue siendo tema de discusión. Un abrazo y gracias por pasar.

Esteban Dublín dijo...

Reproduzco el fragmento para que sepan de qué hablo:

"Los cuartos infinitos" de Gabriel García Márquez

Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real.

* Texto extractado de "Cien años de soledad" e incluido en la antología "El libro de la imaginación" por Edmundo Valadés.

El Eskimal dijo...

Vaya Esteban. Lo mejor del relato es pensar que quien entra y sale y entra a la misma habitación no reconoce el lugar.

Esteban Dublín dijo...

Esa puede ser una variación interesante, estimado eskimal. Un saludo.

Gemma dijo...

Menudo bucle vertiginoso.
Bravo, Daniel! :-)

Esteban Dublín dijo...

Gracias, Gemma, espero que no te hayas quedado ahí. Un beso.