miércoles, 19 de mayo de 2010

Cálculo visual

Mariángeles Salgueiro ha descubierto que tiene una poderosísima pero aterradora habilidad. Con sólo mirar a los ojos de una persona, es capaz de conocer, a través de cálculos específicos, todos los sucesos de su vida. Tanto del pasado como del presente y futuro: su edad actual, el año que perdió su primer diente, su número de identidad, la hora a la que se levanta diariamente e, incluso, la fecha y el modo exacto de su defunción. Precisamente, por la exactitud de los pronósticos, decidió exiliarse en la selva con el fin de evitar la visualización de las tragedias. Aún así, lejos de la civilización, Mariángeles avistó de nuevo la fatalidad. Esta vez, la desventura más terrible que jamás había observado. Sin advertir, eso sí, que los ojos que divisó ese día, al lado de un río, eran los de su reflejo.

29 comentarios:

Víctor dijo...

El cuento está bueno, Esteban. Creo, sin embargo, que le falta sutileza al final, ser menos claro e insinuar que se mira en el espejo en vez de especificarlo tan claramente. La idea es muy buena, y la lectura es ágil.

Un abrazo, Esteban.

manuespada dijo...

Quizá sea algo explicativo, me gustaría ver en algún momento cómo utiliza su don con alguien y cómo eso la hace sufrir, pero la idea está muy bien.

No Comments dijo...

Como han dicho Víctor y Manu, idea muy buena, con ritmo, pero quizá demasiado explicativo y muy evidente el final.

Opiniones, sólo eso.

Un saludo indio Estebán

Jesus Esnaola dijo...

No abundaré en lo ya dicho, Esteban, pero a mí me gustó. Seguimos peleándonos con los reflejos, aunque esta vez dejemos a un lado a los espejos.

Un abrazo

Ananda Nilayán dijo...

A mi también me pareció evidente el final, pero aún así no me la presentes, por favor!!!
Besito.

Claudia Sánchez dijo...

Oops! pensé que moriría de soledad.
El tener nombre y apellido me hizo acordar a Beatriz Viterbo. Y tal vez el texto tenga ese "alguito" de El Aleph. Pero al final se me cae chamo, se hunde en el río irremediablemente.

Saludos,

Martín dijo...

El final creo que está muy bien. La historia, sin embargo, podría recortarse un poco más y darle así más contundencia. Igualmente, muy bueno!

Gabriel Cruz dijo...

Auuuuch! qué fuerte, intuía que eso es lo que iba a pasar :P... Buen cuento

Baizabal dijo...

BUENO, aparte de lo que te han dicho, creo que hay un problema de verosimilitud: cómo es que nunca antes vio el reflejo de sus ojos.

Pero bueno, Esteban, aun así me gusta.

Un abrazo

Alberto Flecha dijo...

Y si no advirtió que aquellos ojos eran los suyos ¿por qué fue tanta la fatalidad?

DANIEL SÁNCHEZ BONET dijo...

Es muy bueno.

Me encantó el giro del final.

8.5

Alís dijo...

Me lo temía, aunque parece que bastante había evitado los espejos.
Cuando se tiene un poder tan grande, termina por volverse en contra de uno...
Un beso

Un Poco Rara dijo...

Coincido con Baizabal. Pensé que sería autoinmune al don.
Y acuerdo también con los demás en que podría ser un poquito más sutil.
Saludos.

josé manuel ortiz soto dijo...

Esteban: tal vez un final edípico habría dado un giro más que inesperado.

Saludos.

Esteban Dublín dijo...

Víctor, tienes razón. Es demasiado literal.

Manu, así es: está muy explicado y falta sutileza.

David, estoy de acuerdo contigo.

Jesús, yo tampoco. Es un cuento demasiado explícito.

Ananda, no te preocupes. Yo tampoco la conozco.

Esteban Dublín dijo...

Claudia, ¡ahhhh! ¡El Aleph! Si pasas por mi otro blog, Historias Dubliners, encontrarás la reseña del libro, que precisamente acabo de terminar de leer. Qué cuento, por Dios, ¡Qué cuento!

Martín, así es. Lo tenía escrito hacía tiempo, pero nunca le encontré la vuelta para hacerlo sutil.

Gabriel, eso le pasa a Mariángeles por confiada.

Baizabal, está bien que te guste, aunque coincido con ustedes en que no es un cuento redondo.

Alberto, no lo advirtió.

Esteban Dublín dijo...

Daniel, muchas gracias, aunque siento que hace falta sutileza. Tu calificación, en este caso, me parece exagerada. Sin embargo, gracias.

Alís, creo que todos nos lo temíamos. De ahí lo flojo del cuento.

Un poco rara, a veces hacemos sentencias que no nos ha dado la narración. Por algo será...

José Manuel, tienes razón: algo más edípico hubiera sido interesante, aunque te confieso que no sabría cómo llevarlo hasta allá.

Alís dijo...

Esteban: No lo decía porque considere flojo el relato. Yo insisto en que la calidad literaria de un texto no depende de que me sorprenda, sino de cómo me cuenten algo. A mí el tuyo me gustó.
Un beso

Esteban Dublín dijo...

Pues muchas gracias, Alís, pero debo confesarte que este tiene ciertas falencias de sutileza y a mí, particularmente, no me gusta mucho.

Quimera dijo...

Me encantó!!
Es de esos poderes que se quieren tener, pero resulta mejor pasar si son ofrecidos en bandeja de plata
Un abrazo Esteban...

Walter dijo...

Bueno, puede que ya se me estén cerrando los ojos del sueño, pero a mí el final me pareció acertado e interesante. Bien por éste, Estaban.

Iván A. Silvero Salgueiro dijo...

No esperaba encontrarme a una "pariente" mía en una ficción tan fatal.
Descubriendo este blog, saludos

Iván Silvero Salgueiro

Esteban Dublín dijo...

Quimera, gracias, yo creo que el poder cuenta con un elemento paradójico que o hace aún más fascinante, porque aunque se quiere tener, tenerlo es una carga.

Wálter, muchas gracias, siempre es un gusto tenerte por aquí.

Iván, ¿y cuál es el poder que tienes tú? Gracias por pasar y siempre bienvenido.

Lau dijo...

La muerte llegará en el día previsto y de la manera que, aunque no sabe, ya ella sabe. No está tan mal el asunto.

Esteban Dublín dijo...

Gracias, Lau, siempre es un placer tenerte con tus comentarios sentenciosos.

Iván A. Silvero Salgueiro dijo...

¿Poder yo? No, a mí me largaron sin poder alguno y mi fatalidad es andar por la ciudad mirando dónde hay uno que me vaya.
Gajes del oficio de familia.

Esteban Dublín dijo...

Jajajajaj. Gajes del oficio, Iván. Alguien tiene que hacer el trabajo, ¿o no? Un saludo.

Iván A. Silvero Salgueiro dijo...

Saludos, Esteban

Esteban Dublín dijo...

Gracias, Iván. Un abrazo para ti.