miércoles, 1 de septiembre de 2010

Imborrable

En las noches de luna llena, los tatuajes de Gía cobran vida. Hasta el momento, no se ha percatado de lo que sucede con los dibujos que adornan su piel, porque sólo se ha dibujado rosas que terminan rodeando su cama como un jardín circular que desaparece automáticamente con el primer rayo del sol, y porque las estrellas que tiene desperdigadas sobre el hombro derecho, el vientre y la parte baja del tobillo han saltado de su cuerpo para posarse sobre su habitación como un tríptico estelar. El verdadero inconveniente es su último grabado: el clásico corazón rojizo atravesado por una afilada daga de cobre.

11 comentarios:

Víctor dijo...

Bien, Esteban. El final se intuye, pero se desea a medida que se va llegando al final. Esperaba una resolución más potente, pero la que elegiste me convenció.

Un abrazo internacional.

Maite dijo...

Esto de los tatuajes tiene mucho peligro, y ya verás cuando a las rosas les crezcan espinas. Un abrazo.

No Comments dijo...

Cuando menos original Esteban. Me gusto la idea.

Un saludo indio

Claudia Sánchez dijo...

Pues a mí me gustó mucho, así como está.
Besos,

Ananda Nilayán dijo...

Me pareció original y creativo, Esteban. pero el final lo encontré algo precipitado. Aún así no quedó mal. Como ves, coincido un poco con Víctor.

Un abrazo

Patricia dijo...

Me gustó como está. Coincido con Maite, las rosas tienen espinas y las estrellas arden, absorven, succionan, pulverizan...

Alís dijo...

No creo que pase de la próxima Luna llena.
En condiciones normales no lo haría, pero en estas circunstancias me tatuaría a un hombre hermoso y apasionado...

Besos

Quimera dijo...

Los tatuajes a veces no son una buena idea :(

josé manuel ortiz soto dijo...

Esteban: y lo que falta, pues donde a los tatuajes les de por crear entre ellos su propia historia, la pobre GIA terminará por ser tatuaje de piel.

Saludos.

Esteban Dublín dijo...

Víctor, personalmente disfruté mucho el final, pero está claro que no soy el más indicado para decir eso.

Maite, no me quiero imaginar...

David, me alegra que te guste. Últimamente he visto micros tuyos muy sorprendentes.

Claudia, ¡Gracias! Sos una grosa.

Esteban Dublín dijo...

Ananda, está bien. La microficción es precipitada. ¿No?

Patricia, todo cobra vida y qué será después de nosotros.

Alís, seguro no pasa.

Quimera, en este caso. Aunque confieso que yo no tengo uno solo.

José Manuel, me acabas de dar una idea. Ha nacido un cuento.