miércoles, 29 de septiembre de 2010

Revelación

—Tengo un secreto —dijo el maestro—. Hace tiempo que me agobia este afán de contarlo, pero tú has trabajado con lealtad y creo que mereces saberlo, buen Saúl.
—¿Cuál es, maestro? —dijo su discípulo.
—Que tengo un secreto que no me es permitido revelar.

13 comentarios:

josé manuel ortiz soto dijo...

Historia circular, Esteban. Quizá con comentar la existencia que existe el secreto se diluya su necesidad de contarlo.

Saludos.

Maite dijo...

La pescadilla que se muerde la cola. Bien, Esteban, un abrazo.

Propílogo dijo...

De donde se deduce que hay secretos contables y secretos incontables, y que unos son muchos, y otros mucho.
Muy bueno, Esteban.
Saludos.
P.

No Comments dijo...

O dicho de otro modo:
El maestro, agobiado, confesó a su discípulo que poseía un secreto, un secreto que no podía revelar.

Un saludo indio

Ananda Nilayán dijo...

Qué agobio, sin duda... hay que ver lo que pesan los secretos propios o ajenos!!!

Un abrazo, Esteban, felicidades atrasadas

Jesus Esnaola dijo...

Supongo que saber que alguien guarda un secreto puede ayudar a comprenderlo en ocasiones.

Un abrazo, Esteban.

Pablo Gonz dijo...

Quizás el único caso en que revelar un secreto no nos hace sentirnos más ligeros. Interesante paradoja.
Un fuerte abrazo,
PABLO GONZ

Esteban Dublín dijo...

José Manuel, tienes toda la razón. Un abrazo.

Maite, eso dicen. Abrazos.

Propílogo, en cuanto a secretos, hay mucho qué decir.

David, interesante versión. Saludos.

Ananda, para quitarte un peso de encima debes quitarte muchos antes. Gracias por tus deseos.

Jesús, posiblemente.

Pablo, muchas gracias. Un saludo fraterno.

yacasinosoynadie dijo...

tengo un comentario que hacer: ingenioso... muy ingenioso...

Esteban Dublín dijo...

¡Jorge! ¡Tiempo sin verte por aquí! ¡Bienvenido!

Alís dijo...

Y se supone que eso es un premio... Saúl ya no tendrá descanso hasta conocer el secreto, jajaja, para él hubiera sido mejor ignorar su existencia. O no.
En todo caso, a veces sólo confesar que estamos guardando un secreto ya nos aligera parte de su peso, aunque sigamos manteniéndolo oculto.

Muy bueno

Besos

German Andrés Sarmiento dijo...

Me siento burlado ( en el buen sentido ) con este cuento. Prometía tanto, el maestro y su discípulo Saúl. Me he dado contra la historia,

Muy bueno, y como dijo Jorge, Ingenioso.

Esteban Dublín dijo...

Alís, creo que comprender que la verdadera sabiduría está en no saber nada resulta más valioso que otros conocimientos. Creo que el mayor aprendizaje es desaprender, es decir, dejar de lado lo que hemos aprendido para aprender de nuevo desde cero.

Germán, no te sientas mal. A mí me sucede a menudo. Un abrazo.