viernes, 8 de julio de 2011

Final

A Víctor Lorenzo

Siempre que me sumerjo en el placer de la escritura, mis personajes derivan en la muerte de manera irremediable. A Mariana le asesté una ballesta en la frente, a Ramón lo lancé de un rascacielos, a Juanse lo fulminé por un capricho del destino y a Pedro lo condené a un voraz linchamiento. Los crímenes, a pesar de pertenecer a la ficción, me han supuesto más de un susto. En las noches, las voces de los caídos me susurran al oído el placer de su venganza y no exagero si digo que en más de una ocasión he visto sus sombras traducidas en fantasmas. Al borde de la demencia, delirante por los lamentos y las apariciones de mis personajes, he decidido escribir una historia donde el protagonista soy yo.

8 comentarios:

Víctor dijo...

Un par de cosas, Esteban. En primer lugar, mostrarte mi agradecimiento (y mi sorpresa) por la dedicatoria. Es un honor para mí. Y en segundo lugar, decirte que el micro me ha gustado. Mucho. De hecho, ya hace tiempo que pienso que "mato" con demasiada facilidad a muchos de mis personajes, y que eso podría comportar algunas consecuencias negativas (aunque sea en la ficción). Me gustó mucho la manera de terminar el relato. Seguramente yo (que llevo tiempo queriendo escribir algo sobre el tema) hubiera asesinado al autor, o sea, a mí mismo.

Un abrazo internacional y gracias de nuevo por el detalle.

Susana Camps dijo...

Un texto limpio y de gran eficacia narrativa. Me ha gustado mucho el final con expectativas, interpreto, de suicidio.
Enhorabuena a Esteban por escribirlo (ya comentabas tu gusto por el asesinato ficticio en el Cangrejo) y a Víctor por merecerlo.

Anita Dinamita dijo...

Guauuu!!! Buen homenaje para Víctor y excelente relato, con un inquietante final, de una manera u otra dejará de matar a sus personajes.
Un abrazo

El hereje dijo...

De pequeño, siempre que en el colegio me daban como tarea para casa una redacción, liberaba mi imaginación y acababa contando un cuento cuyos personajes padecían toda suerte de terribles adversidades, al menos hasta donde mi mente infantil alcanzaba. En ocasiones mi madre se preocupaba por ello, ¿pero qué podría hacer yo?
Ahora no tengo reparos en matarlos, resucitarlos y volverlos a asesinar. Es la sana manera que tengo de sentirme poderoso.

¡Saludos!

Elysa dijo...

Excelente micro e inquietante ese final.

Saludos

Tomás dijo...

Una de las cosas que mas me gusta de los micros, es que uno sabe que va a haber un final inesperado, como si te fueran a golpear y tu leyeras el micro a la defensiva, en guardia.

Esteban Dublín dijo...

Víctor: fue un placer. Desde que vi tus comentarios en el blog de Fabián Vique, acerca de tu decálogo, y en el de Agus, en respuesta a la invitación que me hizo, la idea surgió y la escribí con deleite. Recibe mi abrazo internacional.

Susana, te agradezco mucho tu comentario y me alegra que te haya gustado.

Anita, me importa poco si deja o no de matar a sus personajes. El único pedido que le hago a Víctor es que no deje de escribir. Sus textos siempre me han gustado y es de los mejores microrrelatistas en red.

Esteban Dublín dijo...

Hereje, entonces tal vez tú me entiendas si te digo que mi esposa estaba seriamente preocupada que la muerte apareciera en mis microrrelatos de manera frecuente. Decía que tenía un trauma... Yo solo río.

Elysa, te agradezco mucho. Un beso.

Tomás, ese efecto esperable es lo que hace que los microrrelatistas procuremos encontrar nuevas formas de contar en este breve espacio que nos brinda el género.