miércoles, 16 de marzo de 2016

Clara

Mientras unas celebran sus dotes gastronómicos, yo bailo al ritmo que me proponga el viento. Mientras otras exhiben sus dones de sirenas, yo danzo con la música del destino. Mientras algunas se contonean ante el acuerdo de la sumisión, yo me entrego en la pista como si de mi último baile se tratara. Soy una con el ritmo, me propongo como una nota que se suma a la sinfonía y me mezclo entre el vaivén de los compases hasta que mi tuétano encuentre su propia cadencia. Bailaré entre los hombres que me observan con ese deseo que los hace tan elementales, víctima de la envidia femenina que solo conseguirá aumentar el movimiento de mis caderas. Así viviré hasta el último de mis días, porque si algo decidí después de que mi cuerpo se sumergiera en tantas y variadas pistas, es que me quiero morir bailando.

2 comentarios:

Hola, me llamo Julio David dijo...

Me recordó la canción "Don de fluir", de Jorge Drexler. Así de bueno es tu microrrelato.

Saludos, Esteban!

Martín Gardella dijo...

Querido amigo, me alegra ver que has vuelto al ruedo, con publicaciones periódicas. Adivino que hay un lindo proyecto detrás. Enhorabuena!