martes, 2 de septiembre de 2008

El músico

Usted no se imagina lo buen músico que es mi hijo. Tiene que escucharlo. Hace ya un buen tiempo que le regalé su primera guitarra y le pagué un profesor. Al poco tiempo se aburrió de él. Es que usted lo viera cómo aprende de rápido. Tiene que verlo, de verdad. Lo de él es la música… ¿Qué? No, no me cambie el tema, doctor. Mire que hace dos añitos más o menos le compré una organeta lindísima, la viera… ¿Qué si lo he visto tocando? Mmmm, déjeme ver, pues no, no, pero lo que pasa es que él toca cuando yo estoy trabajando, es que él es más bien tímido, ¿usted sabe, no? Los espacios del artista que llaman. De cumpleaños le voy a dar una armónica para que pula la afinación. ¡Ah, es que usted lo viera tocar!… ¿Qué dice, señor? ¿Que si se lo puede llevar a jugar fútbol a Italia? No, no, no. No me cambie el tema, doctor. Es que tiene que escucharlo, de verdad. Un día de estos lo voy a invitar a verlo. Usted no se imagina lo buen músico que es mi hijo.

11 comentarios:

Mauricio Duque Arrubla dijo...

Que le diga que se lo lleva para La Scala, también es Italia....

Diego Fonseca dijo...

Ojo, La Scala no es fácil. Hoy te piden un barítono, mañana un tenor contralto. Y los intermediarios se quedan con un bocado enorme. Si el pibe tiene más de quince, capaz que lo ceden a préstamo a una ópera menor. Te lo devuelven con más experiencia, sí, pero con las cuerdas vocales hechas un desastre. No, no es fácil...

Mauricio Duque Arrubla dijo...

yo decía que llevarlo a La Scala pero en realidad llevarlo al Mián FC, es la misma ciudad y el papá de pronto no lo nota...

ARETINO dijo...

Buena historia. Esas donde los padres van por un lado y los hijos por otro. El desea que sea músico aunque nunca lo vera tocar y el doctor sabe que como músico es un buen pateador de bola.

Martín Franco dijo...

Muy buena historia. No sé por qué -pues no tienen nada que ver-, pero me recordó un texto de Daniel Samper Pizano que se llama "Hijo, no te comas las uñas". Extraño eso.

JOHAN BUSH WALLS dijo...

Bonito texto, a mi me recordó Billy Elliot.

Por otro lado, Diego, muy buen comentario. Que lástima que no se me ocurrió a mi, daría para hacer un cuento pajero. En todo caso, dale vos, de seguro te sale mejor.

Salú pue.

Esteban Dublín dijo...

Mauricio, es una buena idea. De vez en cuando viene bien engañar al padre por el bien del hijo.

Jajajajajajaja. Así es, Diego. Tan interesadas las escuelas de música como los equipos de fútbol. Tan interesadas y tan crueles.

Aretino, me alegra mucho tenerte de vuelta. El músico es una de esas historias que tal vez muchos de ustedes han vivido. Los padres nunca se dan cuenta qué es lo que quieren sus hijos por querer que sean lo que ellos no fueron.

Martín, quisiera saber por qué te lo recordó. Aunque sea extraño y no tenga nada que ver, me llama poderosamente la atención. Trata de pensar un momento el por qué de tu reflejo. Me intriga.

Johan, Billy Elliot es una buena historia para darle otra referencia a este cuentito. De hecho, Billy Elliot es una película magnífica. A mí me conmovió profundamente. Y salú.

nightwriter dijo...

Eso pasa, a veces los padres queiren ver en sus hijos eso que ellos nunca fueron.

Me acuerdo que de niña, estuve en clases de organeta, donde no aprendí sino los pollitos, el cumpleaños y el himno de la alegria, cada vez que alguien cumplia años mi mamá la sacaba y me ponia a tocarle la pieza al cumpliañero de turno, obviamente todos sabían que eso lo podía hacer cualquiera!

Saludos Esteban!

Esteban Dublín dijo...

Jajajaja, así es mi estimada Nightwriter, una vez me pasó que le toqué una canción malísima en flauta y me la ponía a tocar frente a mis abuelos, mis tíos y todo el mundo que llegaba a la casa.

Aldo dijo...

A todos nos pasa alguna vez; yo me pasé la vida desprendiéndome de talentos que nunca tuve, por culpa del equivocado fervor de mis padres. Y quién sabe cuántos que sí tenía quedaron sepultados y en estado para siempre embrionario.
En fín, así es la vida...

Esteban Dublín dijo...

Aldo, a mí me pasó igual. Por el camino se quedaron las cosas para las que definitivamente no era bueno y hoy ni siquiera sé si las que hago son las que realmente debería hacer. Este cuentito tomó un rumbo nostálgico.